Acerca de este mensaje:
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Betania
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Tierra Blanca, Veracruz
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Jueves 09 de marzo, 2023
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Oración, Santidad
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363 reproducciones
Santificado sea tu nombre
Ps. Elí Cruz
Jueves 05 de junio, 2025
Dios nos habla por medio de su Palabra pero también lo hace por medio de toda su creación. Nosotros también tenemos una manera de hablarle a Él y es a través de la oración.
Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Romanos 1:19-20
La oración es tener un diálogo con la persona de Dios, es decir platicar con Él. En las Sagradas Escrituras encontramos el modelo de cómo debemos hacerlo:
Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Mateo 6:9-13
Cuando nos disponemos a orar, debemos preparar nuestro corazón, debemos darnos cuenta que nos estamos dirigiendo al Creador del universo, quien hizo todo lo que vemos y lo que no vemos, todo ha sido creado por Él y para Él.
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén. Romanos 11:36
Es Jesucristo mismo quien nos enseña a orar, nos indica que debemos referirnos a Dios como nuestro Padre, porque si le hemos aceptado a Él como el Salvador y Señor de nuestras vidas, el Padre nos ha hecho partícipes de ser sus hijos.
• Santificar su nombre
Al orar, nuestros ojos deben estar fijos en los cielos y nuestras rodillas dobladas sobre el suelo, sin preocuparnos por tener las palabras adecuadas, más bien, debemos preocuparnos por tener un corazón correcto al acercarnos a Dios. Él no busca la perfección y elocuencia en nuestra oración, sino que las palabras sean con sinceridad y honestidad.
Recordemos que Dios mira todo en nuestro ser y ve más allá de nuestra apariencia, Él puede ver nuestros motivos e intenciones, y conoce de nuestro corazón lo que nosotros no conocemos.
Cuando pronunciamos esta frase -santificado sea tu nombre-, se convierte en una petición, en un clamor para que Él sea exaltado y que haga lo que sea necesario para que santifique nuestra vida, para que ocupe el trono de nuestro ser.
• Permanecer en silencio
Al orar regularmente expresamos nuestra situación y nuestras necesidades, pero debemos aprender a escuchar, guardar silencio y permanecer en quietud para conocer lo que Él nos quiere decir.
Job tuvo que aprender esta lección de permanecer en silencio. Él era un hombre recto y temeroso de Dios, pero tuvo el gran defecto de no refrenar su lengua, hablaba de más.
En este libro que lleva su nombre, se describe como Job vivió una gran prueba como otro hombre no la ha vivido jamás: sus hijos fueron muertos, todos sus bienes fueron perdidos y una gran enfermedad fue sobre él. Ninguna cosa le quedó más que su esposa, un alma sin compasión:
Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Job 2:9
Tres amigos tuvo Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamita, que le decían que Dios es justo y todos sus males eran resultado de que había actuado mal en su pasado, sin embargo, ellos no estaban en lo cierto. Por lo tanto, comenzó un diálogo áspero entre Job y sus amigos.
Finalmente Job se cansa y pronuncia su gran discurso, en donde define, explica y justifica a Dios a su manera, dando la impresión de que él sabía más que Dios.
Dios tiene un tiempo perfecto y sabe esperar con paciencia. Después de todas las palabras de Job, Él habló y le hizo ver su ignorancia:
Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ese que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás. ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. Job 38:1-4
A Job no le quedó más que reconocer que era mejor no haber pronunciado esas palabras; pues sus comentarios ante la sabiduría, el conocimiento y la grandeza de Dios, fueron innecesarios. Job se dió cuenta de que no sabía lo que estaba haciendo, reconoció que lo que tenía que hacer era permanecer en silencio, esa era la respuesta adecuada.
Entonces respondió Job a Jehová, y dijo: He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar. Job 40:1-5
Pero después de que Job escucha a Dios, se manifiesta en él el verdadero cambio que le hacía falta en su vida. Dios quería eso para Job, que en verdad lo conociera.
Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza. Job 42:1-6
REFLEXIÓN
Antes de oír a Dios podemos hablar sin saciarnos, palabras vanas, cosas sin fundamento. Cuando Dios habla y escuchamos, Él produce un cambio en nosotros, pero sólo es posible cuando permanecemos en silencio para escuchar lo que Él nos quiere decir.
Así como Dios lo quiso para Job, también lo quiere para usted y para mí que sepamos quién es Él, que lo amemos y le obedezcamos por lo que él ha hecho por nosotros; que nos acerquemos a Él y lo conozcamos verdaderamente.
Aprendamos a permanecer en silencio al orar con Dios, para conocerlo, para saber su respuesta y entonces poder hacer su voluntad.
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Salmos 46:10
Después, al hablar, santifiquemos y exaltemos su Santo Nombre; reconociendo que de nosotros no proviene nada bueno, más si bien hay algo bueno en nosotros es Jesucristo.
ORACIÓN
Padre nuestro, que estás en los cielos: Santificado sea tu Nombre, exaltado sea tu Santo Nombre, Creador de todo lo que vemos y lo que no vemos, clamamos para que seas Santo en nuestra vida, ocupa el trono, el lugar que debes ocupar en nuestro corazón.
En el nombre de tu Hijo Jesucristo, Amen.
Citas bíblicas tomadas de la Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina
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